Tom Clancy’s Ghost Recon Wildlands: Una apuesta demasiado ambiciosa, rescatada por un co-op salvaje

Tom Clancy’s Ghost Recon Wildlands: Una apuesta demasiado ambiciosa, rescatada por un co-op salvaje

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Si hay un dicho latino que se puede aplicar para describir la sensación que nos dejó el espectacular Tom Clancy’s Ghost Recon: Wildlands sería: “El que mucho abarca poco aprieta”. Un juego gigantescamente ambicioso por parte de Ubisoft, que sacó a relucir su enorme arsenal de recursos, y que por momentos (sobre todo al comienzo) es algo apabullante.

Apenas nos metemos en el increíblemente gigantesco, y detallado, mundo de Wildlands podemos notar el excepcional e impresionante trabajo que se tomó Ubisoft en este shooter/open world/coop (y podríamos seguir agregando /). Pero también nos damos cuenta a primera vista que es uno de esos juegos que nos va a llevar muchas, pero muchas, horas de recorrido.

Comencemos por la historia, somos un grupo táctico especializado en trabajos de alto perfil y virtualmente imposibles. Nuestra misión es infiltrarnos en Bolivia y destruir a “El Sueño”, líder del cartel Santa Blanca, quien convirtió al país sudamericano en un narco-estado y se convirtió a si mismo en el siguiente objetivo de nuestra fuerza especial al asesinar a un agente infiltrado de la CIA (al parecer manejar un grupo de narcotraficantes y tomar el control de un país no era suficiente).

Pero la misión no será tan sencilla, tendremos que movernos por un gigantesco mapa dividido en provincias dominadas por integrantes de Santa Blanca, conseguir información, conocer sus debilidades y derrotarlos uno a uno para desestabilizar al cartel y llegar así hasta El Sueño. Y para colmo el cartel cuenta con el apoyo de los militares bolivianos, quienes no dudarán en aniquilarnos si no somos cuidadosos. Para contrarrestar esta desventaja nosotros podremos apoyarnos en los Kataris 26, una facción paramilitar que nos asistirá en nuestras misiones y seremos nosotros quienes decidamos cuanto poder y autonomía les otorgamos.

El mapa es otro de los grandes protagonistas del juego, una visión de Bolivia que nos permitirá atravesar los mas variados escenarios, densas selvas, los desiertos y innumerables kilometros de escarpadas rutas para llegar desde un punto hasta el otro. Por suerte contamos con una enorme cantidad de vehículos para movernos, autos, motos, camionetas, tractores, helicópteros, avionetas, lanchas, y la lista sigue. Si bien la física de los vehículos es algo que podría mejorarse, no hay dudas que no falta variedad a la hora de elegir que tipo de transporte utilizaremos para llegar a destino o extraer algún objetivo para interrogarlo.

Para cumplir nuestros objetivos contaremos con un enorme arsenal que podremos ir desclasificando a medida que avanzamos en el juego. El nivel de detalle de cada arma y la posibilidad de personalizar hasta el color de los diferentes componentes de cada rifle, ametralladora, sniper y pistola tendrá un buen rato ocupados a los fanáticos de las armas. Para los menos interesados en este tema, sepan que es posible terminar la historia prácticamente con el equipamiento con el que comenzamos, ya que podemos apoyarnos en las mejoras que obtenemos en cada nivel para aumentar nuestro poder y capacidad de daño.

Los momentos más gratificantes del juego  llegan a la hora de planear los ataques a los campamentos enemigos. Ubicarse en algún punto alto del mapa desde el cual podremos utilizar nuestro drone de vigilancia (si, tenemos un drone para marcar y vigilar a nuestros enemigos antes de atacar) y planear la mejor forma de infiltrarse en la base para conseguir la información o al rehén que debemos rescatar.

La adrenalina también llega hasta el techo cuando uno de nuestros planes cambia de imprevisto y nos vemos rodeados de enemigos, ese momento es cuando la comunicación con nuestros compañeros (sea la AI o reales) es vital, ya que son ellos quienes nos pondrán al tanto si el objetivo está huyendo. En ese momento dejaremos de pensar en el caos a nuestro alrededor y tomaremos el primer vehículo para comenzar la persecución que prolongará el nivel de tensión hasta completar la misión.

A medida que pasan las horas el juego se vuelve algo repetitivo, una vez que experimentamos la misma situación con los mismos resultados, las misiones, incluso la interacción con nuestro equipo y la historia se vuelve algo monótona. Por eso uno de los grandes beneficios de esto es que no hace falta derrocar a todos los integrantes de Santa Blanca para ir por “El Sueño”. No importa si tomas la ruta más directa hasta el jefe de la organización o decides ir por el camino más largo enfrentando a cada uno de sus tenientes, durante todo el camino enfrentaremos una enorme variedad de personajes, personalidades que habitan en el enorme mundo de Santa Blanca.

Uno de los puntos más altos del juego llega de la mano del co-op. Ya sea que nos metamos nosotros en la historia de alguien o alguien se una a nuestra partida, es el momento en el que realmente sentimos la libertad que nos da este mundo abierto. Si bien jugando en solitario podemos ordenar a nuestros otros tres compañeros dónde ir, qué hacer y cuándo. Jugando con otras personas se añade un componente de imprevisibilidad que lo hace todo más real, y mucho más divertido.

Por tratarse de la segunda incursión de la saga Clancy en un open world y el grado de ambición del proyecto podemos concluir que el juego cumple con sus expectativas, pero se diluye en su enormidad. Ofrece una gran experiencia como shooter táctico, muchas horas de entretenimiento para probar diferentes estrategias en solitario, o preferentemente con amigos. Lamentablemente el juego no cuenta con una proyección a largo plazo como The Division o Destiny ya que el fin es aniquilar a Santa Blanca, una misión que tiene fin. La adrenalina de las primeras misiones se pierde con la repetición y el inmenso mapa termina volviéndose un laberinto del que no nos interesa descubrir todos sus rincones.