El Acto III de Arcane: un digno final de temporada cargado de simbolismos

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El tiempo y el espacio a veces nos dicen más que los diálogos que sostienen los personajes en una escena. En el lenguaje audiovisual, lo que no se dice -pero se muestra-, cobra importancia para entender la subjetividad de la trama. Esto mismo se vió en los últimos tres episodios de Arcane, que marcaron el final de la primera temporada, donde el encuadre y dirección de las escenas nos inclinó a pensar en lo que podría ser el futuro de la aclamada serie de Riot Games producida por Studio Fortiche para Netflix.

En el mejor acto de la producción adaptada del universo de League of Legends, lo que se esperaba que fuera solo un fan service se convirtió en un primoroso trabajo de animación y guión. Embebido por el lore, pero no vinculado a él, se exploró la libertad creativa en cada uno de los personajes, conservando los fundamentos de cada campeón y creando un arco de personajes profundo y maduro para cada uno que se destaca por sí mismo.

Dejando a un lado los rumores preliminares que insinuaban la aparición de LeBlanc como Mel, el miembro de la familia Medarda abrió su vida privada en los capítulos finales con la llegada de su madre Ambessa para informar la muerte de su hermano.

En el octavo episodio, entendemos que la concejala de Piltover fue desheredada por tener principios distintos a los de su madre, cuyos desacuerdos se resuelven con violencia y no con diplomacia. Al sugerirle a su hija el uso de hextech para fabricar armas, también tenemos un posible indicio de cómo Piltover comenzó a exportar arsenales de guerra a Noxus para avivar los conflictos con Ionia, como se relata en las historias de cada región de Runeterra.

En uno de los cuadros más cargados de simbolismo, Jayce conoce a la matriarca Medarda mientras ella se baña rodeada de sus sujetos. En un plano abierto, una enorme pintura de soldados con lanzas apuntando en dirección al Defensor del Mañana no solo indica el poderío militar de la región de Ambessa, sino también cuánto el científico se siente presionado y amenazado por ella.

En el final abierto, cuando Jinx ya asume la caracterización que estamos acostumbrados a ver en Summer’s Rift con sus ojos rojos y portando la icónica fishbones, Caitlyn, Vi y Silco se mantienen atados por ella alrededor de una mesa cuando la conocida impulsividad de la asesina dispara matando al villano de Zaun.

Momentos después, en un diálogo con su hermana, la perturbada criminal elige sentarse en la silla que lleva el nombre de Jinx, no la que ha escrito Powder, determinando allí que definitivamente ha asumido la identidad de la campeona de gatillo desenfreado y, con eso, renunciando a la inocencia y el pasado que la atormentaron hasta el último episodio de la primera temporada.

Atravesado por tales sentimientos genuinamente humanos, la humanización de los personajes fue el factor clave para crear una conexión profunda entre espectadores y protagonistas pues, aunque se trata de una adaptación de un videojuego, la historia de los campeones refleja las propias vivencias de los jugadores. Como ellos, el miedo, el abandono, la comprensión de nuestros propios sentimientos y la pulsión de muerte nos desgarran a diario de un extremo al otro. El desorden es lo que más tenemos en común con Arcane.

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Lauriane Agnolin

Periodista brasileña. Construyo mi fortaleza en CS:GO y en los partidos de RPG para mantener la sanidad mental que nos exije la vida en Brasil. Juego al PES, pero el fútbol se lo dejo a Marta. Escribo sobre política, economia, cultura y deportes en O Nacional.